Vivimos en una época maravillosa en muchos sentidos. La tecnología ha hecho nuestra vida más fácil, nos ha acercado a personas que están lejos y nos permite encontrar respuestas, comunicarnos y resolver cosas casi inmediatamente.
Pero últimamente me he puesto a pensar en algo: cada vez tenemos que esperar menos.
Antes enviábamos una carta y podían pasar días o incluso semanas antes de recibir una respuesta. Esperábamos junto al radio a que sonara la nueva canción de nuestro artista favorito y, si nos la perdíamos, probablemente teníamos que esperar hasta que la volvieran a poner. Esperábamos las fotografías después de llevar un rollo a revelar. Esperábamos noticias, llamadas, visitas.
Hoy podemos enviar un mensaje al otro lado del mundo y recibir una respuesta en segundos. Podemos escuchar cualquier canción en el momento en que queramos, ver una película sin esperar a que llegue a la televisión y encontrar en segundos información que antes nos hubiera tomado horas o días conseguir.
Y debo decirlo: me encanta la tecnología. Me parece extraordinario todo lo que podemos hacer gracias a ella.
Pero quizá, precisamente porque vivimos rodeados de tanta rapidez, necesitamos buscar intencionalmente espacios que nos recuerden que no todo en la vida funciona así.

El jardín ayuda a esperar
Una de esas cosas, para mí, es el jardín.
Uno puede preparar la tierra, sembrar una semilla, regarla y cuidarla, pero no puede obligarla a crecer más rápido.
No podemos sembrar una semilla por la mañana y desenterrarla por la tarde para preguntarle por qué todavía no ha germinado.
Hay que esperar.
Durante un tiempo pareciera que no está pasando absolutamente nada. La tierra se ve igual. Pero debajo de ella hay un proceso que nuestros ojos todavía no pueden ver.
Y un día aparece un pequeño brote.
Después vienen las hojas. La planta crece. Llegan las flores y, eventualmente, el fruto.
Cada etapa tiene su tiempo.
Escribir una canción también es sembrar
Muchas veces pienso que mi proceso como compositora se parece muchísimo a esto.
Una canción también puede comenzar como una pequeña semilla.
A veces es una frase. Una melodía. Una experiencia. Una conversación. Algo que observé o algo que sentí.
Al principio quizá todavía no sé qué llegará a ser.
Entonces comienzo a trabajar en ella. La escucho, la escribo, regreso a ella, cambio cosas, dejo otras descansar. Poco a poco esa pequeña idea empieza a tomar forma.
Y un buen día, aquello que comenzó como algo pequeñito se ha convertido en una canción que puedo compartir con los demás.
No sucedió instantáneamente.
Necesitó cuidado.
Y necesitó paciencia.
No todo lo importante puede acelerarse
Creo que lo mismo sucede en muchas áreas de nuestra vida.
Queremos ver rápidamente los resultados de nuestros proyectos. Queremos que una idea funcione inmediatamente. Queremos resolver situaciones familiares, alcanzar metas, aprender algo nuevo o ver el fruto de todo el esfuerzo que hemos puesto durante meses o incluso años.
Pero algunas de las cosas más importantes de nuestra vida no responden a la velocidad que nosotros quisiéramos.
Una relación necesita tiempo.
Una familia necesita tiempo.
Un sueño necesita tiempo.
Una canción necesita tiempo.
Nosotros mismos necesitamos tiempo.
Quizá la paciencia no significa simplemente quedarnos quietos esperando. Tal vez significa seguir cuidando aquello que hemos sembrado aun cuando todavía no podemos ver el resultado.
Regar la tierra aunque todavía no haya un brote.
Seguir trabajando en una idea aunque todavía no esté terminada.
Seguir construyendo aunque todavía no podamos ver la obra completa.
Hay cosas hermosas que simplemente necesitan tiempo
En un mundo que constantemente nos invita a ir más rápido, el jardín me recuerda que también hay belleza en los procesos lentos.
Que no todo tiene que suceder inmediatamente.
Que esperar no significa necesariamente que nada esté pasando.
A veces las raíces están creciendo antes de que aparezcan las flores.
Y quizá necesitamos recuperar un poquito de esa paciencia que la vida moderna nos ha permitido dejar de practicar.
Sembrar.
Cuidar.
Esperar.
Y confiar en el proceso.
Porque hay cosas hermosas que simplemente necesitan tiempo.
Gracias por acompañarme en La Belleza Extraordinaria De La Vida Ordinaria.